domingo, 17 de febrero de 2013

La anciana sabia


La anciana sabia

Desde lejano tiempo se trató de encontrar.
Antiguos pensadores la hubieron de explorar.
Grandes filósofos decían ser,
La mayoría solo llegaban a forofos del saber.

¿Qué decir de la verdad?
Di que su existencia no se puede negar.
Di que la ves en los pájaros con su dulce cantar.
Di que la ves en los niños al oírlos jugar.

¿Qué decir de la verdad?
Di que una ciencia,  con su mero nombre,
La honra.

¡Qué decir de la verdad!
“Amor a la verdad, la filosofía es” dicen,
Odio que con mentiras la pulvericen.
Ella no merece este desprecio,
Nunca debería pagarse tan costoso precio.

Muchos escudriñándola encuentran el fracaso,
Capaces no son, se quedan en el ocaso.

Llegará el glorioso día En el cual
Amanezca con todo su esplendor.
No te desanimes,
Sé siempre fiel a tu valiente valor.

Tú la verás, confía en mí viejo amigo.
Te prometo que se cumplirán estas palabras que te digo.

Simplemente, tendrás que esperar.
Aunque, en el mientras,
Te recomiendo no yerres al caminar.

Un último consejo, antes de que me vaya:
La sabiduría está ahí, solo tienes que buscarla.
Si logras descorrer el velo oculto,
Al descubierto quedará todo su fruto.

Jorge G.

Intercambio de roles


Intercambio de roles

Nadie puede afirmar que filosofía no sea la clase en la que hay que darle más al coco. Al terminar una sesión, los alumnos solemos presentar algún que otro síntoma característico: migrañas, náuseas, alguna que otra jaqueca... Hasta es posible que se haya producido alguna que otra noche de insomnio. Bueno, vale, quizá esté que exagere un poco.

Sin embargo, hay un hecho que es irrefutable. Cualquier estudiante que presta atención en clase (uno que atiende, no uno que se duerme) acaba tremendamente desconcertado. Simplemente, es inevitable. Antes o después, sucede. Obviamente, este fenómeno se debe a que la filosofía es la única asignatura en la que realmente se incita al alumno a preguntarse el porqué de las cosas (de ahí las consecuencias tan aparentemente nefastas).


No obstante, me gustaría proponer un cambio de perspectiva. Es decir, estamos considerando el rol del estudiante, pero ¿y si nos fijamos en el punto de vista del profesor? Imagina que tienes un grupo de, pongamos, 25 personas, mirándote fijamente y sin entender ni una palabra de lo que estás diciendo. ¿Cómo te sentirías? Probablemente, te quedarías con la misma cara de tonto que todos esos chicos que están sentados delante de ti.

Si te paras a pensarlo, siempre va a haber más de un punto de vista posible. En cualquier situación, no importa lo rebuscada que sea. De algún modo u otro y por muy imposible que parezca, alguien ve la realidad de un modo completamente distinto a como lo ves tú.

            La próxima vez que estés en filosofía y tengas la sensación de que no entiendes ni papa, acuérdate de esta entrada y dale vuelta a las tornas. Trata de imaginarte que eres el profesor y después mira a tus compañeros y sus expresiones faciales. Te aseguro que disfrutarás como un enano.


“No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones”                     François de la Rochefoucauld

Jorge G.

Sin límites


Sin límites


El fin de semana pasado vi una peli titulada Sin Límites. Trata de un escritor pésimo y drogadicto que sufre de falta de creatividad. En ese momento ocurre algo inesperado: le ofrecen una pastilla un tanto especial. Según dicen, las personas solo aprovechamos el 20% de la capacidad de nuestro cerebro. Pues bien, esta pastilla (llamada NZT) permite exprimir el 100% por un plazo de 24 horas. Es aquí cuando yo me planteo lo siguiente: ¿sería buena la pastilla? Es decir, ¿estaría bien consumir la NZT y aumentar así nuestra capacidad de razonamiento?

Unos estarían a favor, afirmando que así se conseguiría aumentar el rendimiento cerebral hasta límites insospechados. Sería el medio perfecto para crear "súper hombres" y para el desarrollo absoluto de la ciencia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la pastilla tiene un grave inconveniente: crea una gran adicción, y en el momento en que dejas de tomarla, te pones enfermo (jaquecas, vómitos, mareos...) y normalmente mueres. Además, en el hipotético caso de que logres desintoxicarte, nunca volverás a ser el mismo. Esto se debe a que tu cerebro se ha "colapsado", de manera que ya no puedes concentrarte en algo más de 10 minutos.

No obstante, los que estuviesen a favor alegarían que, gracias a la  enorme inteligencia obtenida, antes o después vas a ser capaz de mejorar la droga de modo que ya no dependas de ella. Te tomas una, y tiene una duración indefinida.

Pero... ¿y para qué? La NZT hace que seas capaz de conocer todo sobre todo. De este modo, no aprecias lo que sabes, sino que lo usas banalmente. Esto se debe a que, como no has tenido que sufrir para aprender, no valoras el conocimiento que posees.

Una aportación más acerca del consumo de esta pastilla: si todo el mundo la tomase, todo el mundo sería infinitamente inteligente. Así, si todos sabemos absolutamente todo de los demás, la intimidad queda reducida a 0. Es más: si conoces todos los misterios de la vida, ¿qué gracia tiene vivir? Nunca más experimentarías esa sensación de logro al haber conseguido desvelar un gran secreto (científico, filosófico, histórico, etc.) o al haber superado la meta que te habías puesto. De la misma manera, nada sería creativo, ya que, como todo es conocido y sabido por todos, la originalidad no podría existir.

Por último, me gustaría hacerte una pregunta: ¿qué harías tú? ¿Te tomarías la pastilla, o preferirías seguir siendo como eres?

Nadie podrá decir que un nido calentito y dichoso dará de sí muy grandes personas. La inadaptación a lo imperfecto es lo que mejora al hombre.   Antonio Gala

Jorge G.

Jaimito y su trabajo


Jaimito y su trabajo



Esta es la historia de cualquier estudiante al que le mandan un denso y laborioso trabajo, pero con la supuesta ventaja de tener que entregarlo a largo plazo. Utilicemos a Jaimito, un chaval de unos 16 años, como modelo a la hora de actuar ante esta situación.

Nada más recibir la noticia, nuestro personaje dice: “Buah, quedan 3 meses para entregar la tarea. De momento, ni me lo voy a plantear”. Aparentemente, esto no tiene nada de malo, ya que, con todo el tiempo que tiene por delante, no es necesario que lo haga tan pronto, ¿no?

Pasan los 2 primeros meses y llega el tercero y definitivo. Es entonces cuando Jaimito se acuerda de aquel trabajo tan cansino que tenía que hacer. Se dice para sí: “Bueno venga, hoy lo empiezo”. Sin embargo, cuando llegue a casa, se pone a ver la tele, a merendar, con el móvil... Cualquier cosa, hasta jugar con el perro y su pelota de tenis, es más interesante que empezar el tedioso trabajo.

Al llegar el día siguiente, un sentimiento de culpa comienza a corroerle por dentro: “Hoy sí que sí. Tengo que ponerme con el trabajo por narices (o alguna otra expresión más contundente)”. Sin embargo, ¿qué le pasa al pobre Jaimito cuando vuelve a su casa después de un día de colegio agotador? Sencillamente, no hay ganas. Además, tiene todo el mes para terminarlo. Realmente, no hay prisa.

Con esta cantinela, nuestro protagonista sigue sin hacer el trabajo hasta que llega el final del mes y se le mezcla con unos exámenes de temario amplio. El final de esta historia es demasiado predecible: o bien optará por no hacer el trabajo, o bien hará el trabajo pero no estudiará nada y, por tanto, suspenderá.

Es una situación tan típica, que me atrevería a decir que se produce en todas las clases de todos los colegios. Por ello, es  motivo más que suficiente para que nos planteemos la siguiente pregunta: ¿qué habría pasado si Jaimito, en vez de dejarlo todo para el final, hubiese realizado el trabajo poco a poco y desde el primer día, teniendo mucho más tiempo para corregir los fallos que cometiese?


Es muy probable que, al hacerla con tiempo suficiente y sin prisas, la tarea fuese mil veces mejor que la que realmente haría mal y a última hora. Es hora de aplicarse el cuento.

Por la calle del "después" se llega a la plaza de "nunca".     Luis Coloma

Jorge G.

Time


Time


El tiempo es relativo. Sin excepciones. A todos nos ha pasado la típica situación. Te despiertas, miras la hora con un ojo entreabierto, una pereza insondable te invade y te vuelves a dormir. Al despertarte por segunda vez te asustas pensando que pueden ser las 2 de la tarde y miras "acongojado" la hora en el despertador. Increíblemente, solo han pasado 5 minutos. 

Pasado el peligro, la pereza te entra de nuevo, te acuestas y cierras los ojos durante unos segundos, te levantas, miras la hora, han pasado 30 minutos. Coges un martillo, te das en la cabeza y te tiras por la ventana ante la incomprensión. Y encima llegas tarde al colegio.
 
¿Por qué sucederá este fenómeno? ¿Por qué una clase interesante o una tarde con amigos se pasa volando, mientras que una clase aburrida o una tarde de estudio se hacen eternas?¿Por qué los años se pasan cada vez mas deprisa, a medida que vamos creciendo?

El mismo Einstein predijo que este hecho ocurría aplicándolo a la física en su teoría de la relatividad, el tiempo es relativo dependiendo de el punto de vista desde el que se observe la situación que transcurre. 

Creo que una conclusión que se puede sacar es que si se pone interés en la vida, si la intentas disfrutar, tendrás una vida "corta" pero bien aprovechada. En cambio, como tu vida sea monótona, como sea una aburrida rutina y no la disfrutes, el tiempo se convertirá en tu propio infierno. 

Juan Luis R.

¿Doble Moral? Somos idiotas


¿Doble Moral? Somos idiotas

No somos perfectos, pero... ¿justifica eso que no seamos coherentes? Mucha gente utiliza el argumento de que nadie es perfecto como respuesta a casi todos los errores que cometen. Vale, se puede entender, pero que pasa si ponemos el caso en el que alguien que había defendido una cosa por encima de otras, atenta contra ella. Eso que también es conocido como doble moral.

La respuesta es sí...

Lo queramos o no, la "imperfección" humana puede justificar todo tipo de actos. Parece irreal que con tanta evolución el ser humano siga "tropezando con la misma piedra". Aun así, yo pienso que deberíamos seguir esforzándonos por alcanzar la perfección, quién sabe, algún día podríamos llegar a ella.

Mientras tanto, mantengo la misma postura que el científico alemán Albert Einstein.

"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro."

Ignacio D.

¿Derechos de los animales?


¿Derechos de los animales?

Últimamente, el número de activistas a favor de los derechos de los animales ha crecido significativamente en España. Abogan que los animales sufren, y que por ejemplo espectáculos como los toros deberían ser abolidos. No dudo que los animales perciban dolor, pero una cosa es eso y otra bien distinta es compararlo con una persona. 

Desde mi punto de vista, hay muchos puntos que nos separan de los animales. La existencia de la razón en el hombre claramente marca la diferencia, puesto que no podemos tratar a los animales como iguales como consecuencia de ella. Además, los toros es frecuentemente un tema polémico por culpa de la política, ya que si prohibimos los toros por los derechos de los animales, no tendría sentido no prohibir la matanza de animales destinados al consumo humano. Desde mi punto de vista, la polémica alrededor de los toros es simplemente un tema político. Un claro ejemplo de ello es la prohibición de los toros en Cataluña, donde sólo fueron prohibidos los festejos taurinos relacionados con la fiesta nacional, pero no fueron prohibidos los correbous. 

En conclusión, no podemos tratar a los animales como iguales, ya que las evidencias nos dicen lo contrario y por la serie de implicaciones que tendría. En mi opinión, la polémica alrededor de los toros es esencialmente política y no realista.

Ventana externa



Javier d.